1- Llovizna.
13/jun./2010
Alguna llovizna rodeaba los techos de las casas, recordando el invierno copioso de este año y mis proyectos sociales de producir artículos de tela, para el mercado local, parecían haber llegado al punto de equilibrio; pero, a toda costa había que ser optimista y la abuela nos provocaba un eterno insomnio debido a sus conversaciones nocturnas, sus luchas con personajes invisibles, sus amores idílicos con antiguos parroquianos de un pueblo imaginario que fantasmalmente, nos irritaba a todos; sus pleitos seniles le provocaban odio, amor, sentimientos encontrados. La guerra dibujó surcos en su mente; del olvido social y el final del retiro y la paz.
Se encontraba dentro del ladrar de un perro encerrado en un esquema económico de sus amos, los de arriba. Fuera se escuchaban cantos de las aves, de los pericos australianos, pleitos de vecinas con sus propios hijos, y el tocar de una vieja guitarra que se revelaba ante los dedos digitando mi canción sin nombre y sin la música proletaria, sólo la moderna voz electrónica de la nueva época. La televisión y sus programas teñidos de noticieros amarillos de un sabor a frustración social y marginación política.
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